El 90% de los casos de halitosis tienen origen en la boca.

Según datos del Colegio Oficial de Dentistas casi un 90% de los casos de halitosis tienen su origen en enfermedades bucodentales. Ya sea en la lengua, los dientes a causa de la caries, por la retención de comida o incluso por tener prótesis mal ajustadas o deterioradas. En el 59% de los casos, el mal aliento puede ser consecuencia de patologías como la gingivitis o la periodontitis

Halitosis: ¡Cierra la boca, por favor!

 

Todos hemos pasado por ello: la noche anterior disfrutábamos de una buena cena en un restaurante, cebollas y ajo inclusive, y ahora nuestros congéneres se mantienen alejados de nosotros.

 

Mientras que el efecto disuasorio de algunos alimentos desaparece después de algunas horas o días, algunos pacientes sufren continuamente de un mal aliento que los estigmatiza a nivel social.

Hasta el 25% de la población se encuentra afectada temporalmente, y el 6% lucha con el problema de forma crónica. La halitosis, se ha consagrado como un concepto universal, independientemente de los mecanismos subyacentes.

 

Mientras tanto, la analítica moderna revela los secretos de más de una molécula maloliente.

En las garras de los químicos

En el aliento de los pacientes de halitosis, los químicos reportaron la presencia de más de 700 compuestos volátiles gracias a la cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas (GC-MS). No todas las moléculas son responsables del olor desagradable. En realidad, se considera que los sospechosos habituales son el ácido sulfhídrico, el metanotiol, el sulfuro de dimetilo y otros compuestos volátiles de azufre. Pero también las aminas, los compuestos aromáticos, los alcoholes y los ácidos carboxílicos de cadena corta contribuyen con la indeseada mezcolanza odorífera. Más o menos el 85% de los productos de degradación correspondientes se producen en la cavidad oral. Son poco frecuentes los procesos patológicos de la región nasofaríngea (10%) o las disfunciones de órganos internos (5%).

Zona de confort para bacterias

Los gérmenes como el Solobacterium moorei (Bulleidia moorei) se muestran activos en la cavidad oral. Pero no sólo ellos: más de 80 especies disocian ácido sulfhídrico a partir de aminoácidos sulfurados como la cisteína o sintetizan mercaptano. Encuentran las fuentes en los restos alimenticios, la saliva y la sangre, así como en las proteasas de la saliva. Degradan las proteínas a aminoácidos, incluyendo la cisteína: un sustrato ideal. Los microbios se sienten especialmente bien acogidos en los pacientes con un flujo salival reducido. Las razones para esto, además de una ingesta insuficiente de líquidos, podrían radicar en el efecto de algunos medicamentos, como por ejemplo los anticolinérgicos, los antidepresivos, los antialérgicos o los antihipertensivos. Las xerostomías rara vez indican la existencia de enfermedades primarias independientes, como por ejemplo síndrome de Sjörgen, diabetes mellitus o trastornos de la tiroides. Los pacientes sometidos a radioterapia también se quejan de sequedad de la boca.

Bien protegidos

Las bacterias suelen colonizar las zonas más inaccesibles de la cavidad bucal, como por ejemplo prótesis dentales en mal estado, lesiones cariosas o bolsas periodontales. La periodontitis, la gingivitis o las infecciones locales conducen a resultados similares. Sin embargo, hasta el 80% de todas las bacterias de la cavidad oral se acumulan en la lengua. La saburra lingual visible es una indicación de una actividad bacteriana más o menos 25 veces superior a la normal. Mientras que el cuidado dental está a la orden del día incluso en el jardín de infantes, a menudo se descuida notablemente al órgano del gusto. Con el fin de identificar la estrategia más eficaz, los científicos compararon diversos métodos de limpieza: una limpieza dental con dentífrico y cepillo, complementada con una limpieza de la lengua con un cepillo lingual disponible comercialmente y con la aplicación de un gel especial para la lengua. Además de las valoraciones sensoriales, se midieron los compuestos volátiles de azufre antes y después de la limpieza. Los mejores resultados se obtuvieron con la combinación de limpieza dental y de la lengua con geles especiales. Pero los ingredientes activos también resultan de interés.

Armas químicas

Para reducir el número de microorganismos indeseables resulta lógico recurrir a las sustancias antibacterianas. La clorhexidina es el habitual, aunque su uso prolongado puede ocasionar descoloramiento y en parte cambios en la percepción de los sabores. Por ello, algunos productos contienen como alternativa cloruro de cetilpiridinio, fluoruro de cinc o de amina, triclosán o peróxido de hidrógeno altamente diluido. Y las sales de metales pesados como el cinc o el estaño se unen a los compuestos volátiles de azufre para formar sulfuros poco solubles. Pero el secreto está en la mezcla: ya en 2008 una revisión cochrane expuso que la combinación de clorhexidina, cloruro de cetilpiridinio y lactato de cinc reducía significativamente la halitosis en comparación con un placebo. Y el aceite del árbol del té ha demostrado poseer (al menos en estudios a pequeña escala) un marcado efecto antimicrobiano, en especial contra el Solobacterium moorei. Sin embargo, no todos los productos están a la altura de lo que prometen. Un grupo de científicos brasileños estudió hasta qué punto los enjuagues bucales con extractos de Curcuma zedoaria o té verde (Camellia sinensis) neutralizaban los compuestos volátiles de azufre. Pero no observaron ni el menor efecto. Por otro lado, también existe controversia entre los dentistas acerca de cuánto tiempo deberían durar las terapias con sustancias antibacterianas, pues los tratamientos a largo plazo terminan por perjudicar a la provechosa flora microbiana bucal.

El mal mayor

No es frecuente que detrás de la halitosis se esconda una enfermedad de otros órganos, como una rinosinusitis o una tonsilitis, por ejemplo. Después de una sanación exitosa, junto con los síntomas primarios también mejoró la halitosis. Los profanos tienden a pensar que el mal aliento está relacionado más bien con una patología gastrointestinal, pero esto es bastante poco probable, al contrario de lo que se asumía hace años. En el marco de un estudio prospectivo, un grupo de investigación turco estudió a 121 hombres y 237 mujeres con molestias dispépticas. Los pacientes del grupo de la halitosis se mostraron significativamente más propensos a eructos, flatulencias y náuseas. Sin embargo, desde un punto de vista diagnóstico no se registró ninguna acumulación de los cuadros clínicos habituales como esofaguitis, insuficiencia cardíaca, hernia de hiato, gastritis o duodenitis. El Helicobacter pylori también ejerce un efecto claramente observable en la formación de compuestos de azufre de olor fétido. Sin embargo, en algunos casos aislados sí se observó una correlación entre el mal aliento y los divertículos esofágicos.

El metabolismo fuera de control

Diversos procesos metabólicos pueden (aunque raramente) causar mal aliento. Si debido a una escasez de hidratos de carbono el hígado metaboliza los ácidos grasos en cuerpos cetónicos, se produce acetona. La molécula no se vuelve a utilizar sino que se libera a través de la orina o la respiración, con lo que surge un olor característico. En los pacientes diabéticos, esta cetoacidosis puede llevarlos al coma. Y tampoco se debe olvidar a los pacientes con trimetilaminuria (una patología también conocida con el nombre de “síndrome de olor a pescado”), quienes segregan trimetilamina. La enfermedad es la consecuencia de un defecto enzimático incurable de origen genético. Las dolencias hepáticas y renales, debido a las alteraciones metabólicas, también pueden producir halitosis: casos aislados de la medicina interna. En la mayoría de los casos, los médicos y dentistas son capaces de resolver el desagradable problema de sus pacientes.
 
La enfermedad es la consecuencia de un defecto enzimático incurable de origen genético. Las dolencias hepáticas y renales, debido a las alteraciones metabólicas, también pueden producir halitosis: casos aislados de la medicina interna. En la mayoría de los casos, los médicos y dentistas son capaces de resolver el desagradable problema de sus pacientes.